O el traqueteo a la uruguaya
El primer día que lo vi, no salía de mi asombro. Creo que sólo he mirado así a los siete años, cuando vi mi primer morreo en directo. Y, reitero, no podía salir de mi asombro.
Pero el tipo, un buen y fatigado padre de familia, entró, pagó su billete y se sentó justo enfrente de mí. Procesé la información y consecuencias un buen rato, mientras observaba cómo su pancita traqueteaba al ritmo del autobús. Llevaba la gorra de policia en la mano. Y la lustraba con el dedo gordo, sin darse cuenta siquiera de lo que hacía.
Los autobuses de Montevideo son la alegría de las abuelitas esforzadas, pues algunos pueden incluso alcanzar los 20 kilómetros por hora. Son, además, el medio de transporte favorito de la policía. Todos los días, uno se puede topar con dos de ellos al final de su dura jornada laboral.
Pero yo no podía mirarlos de otra forma. No, hasta que un policía en chubasquero entró delante de mí al supermercado, abrió la taquilla y dejó dentro su matera y su porra. Entonces lo asumí.
j — 25-11-2005 22:58:20